Afectividad y Sexualidad

La Educación Sexual es un proceso de perfeccionamiento que llevará a los jóvenes a conocer y dirigir su sexualidad en el marco de la vida afectiva y de la dignidad humana. Les llevará a encausar sus impulsos insertándolos en sus proyectos de vida y a aprovechar la fuerza del instinto para el enriquecimiento de su personalidad.

Una educación sexual deberá ser integral y tal como se dijo anteriormente deberá estar dirigida al desarrollo armónico de la personalidad del adolescente. Para este fin se deben considerar todos los aspectos que son susceptibles de desarrollar en el ser humano: afectivo, intelectual, físico, ético, moral, estético, sexual y social. Todos estos aspectos o capacidades están vinculados entre sí por lo que exigen un desarrollo equilibrado de todos ellos. ((8))

El desarrollo de la capacidad afectiva no se puede dejar de lado, puesto que la educación sexual es la educación de los sentimientos para el amor. Es un proceso de formación a la comunicación y a las relaciones interpersonales, es el despertar la capacidad de amar que todos tenemos.

Es importante también preocuparse  no sólo del desarrollo corporal y físico,  sino también de la valoración del cuerpo en todas sus dimensiones: belleza, salud, expresión y sensibilidad. Reconocer la riqueza de la sexualidad a nivel corporal, valorar el cuerpo como una forma de estar en el mundo y por lo tanto cuidarlo, respetarlo y darle una adecuada dirección.

En cuanto al aspecto moral, la educación sexual requiere de un marco ético, de una orientación valórica, dado que la sexualidad se vive de acuerdo a la propia conciencia, a los propios valores. Esto implica cultivar virtudes (pudor, templanza, respeto propio y ajeno, y por cierto el respeto a los derechos humanos) es ayudar a que los jóvenes reflexionen acerca de sus propios valores y logren tener una escala clara y jerarquizada de ellos. También es necesario mostrar nuevos valores y que reconozcan los no-valores, a los que se ven enfrentados en la vida diaria.

Al educar a jóvenes en sexualidad no se trata de reprimir o permitir conductas sexuales sino de formar un espíritu crítico, entregando elementos de análisis y enseñando a tomar decisiones u opciones constructivas en lo personal y social. El desarrollo moral les permitirá buscar sus propias respuestas y determinar en forma informada, libre, consciente y responsable como vivir su sexualidad de acuerdo a sus propios proyectos de vida. Los padres y educadores tienen la responsabilidad de orientar a los jóvenes hacia una visión madura y ética de la sexualidad, que posibilite un autocontrol consciente y responsable del instinto, que no obedezca al temor ni a la restricción impuesta, sino que surja del íntimo respeto hacia sí mismo y hacia el ser amado.

 

Tu valoración:
Promedio de votaciones: 3.7

((1)). Capponi R. Psicopatología y semiología psiquiátrica. Santiago: Editorial Universitaria; 1996

((2)). Davidoff L. Introducción a la psicología. México: Editorial McGraw-Hill; 1993

((3)). Märtin D. y Boeck K. Qué es la inteligencia emocional. Munich: Editorial EDAF; 1997

((4)). Lobos L. La afectividad como componente de la sexualidad. En: Molina R, Sandoval J, González E, editores. Salud Sexual y Reproductiva en la Adolescencia. Santiago: Mediterráneo; 2003. p. 706-718

((5)).Papalia D. y Wendkos S. Desarrollo humano. México: Editorial McGraw-Hill; 1992

((6)). Santelices l, Romo W, Inostroza V, De la Fuente R. El misterio de la sexualidad humana. Santiago: Editorial Universidad Católica de Chile; 1992

((7)). Sarquis C. Introducción al estudio de la pareja humana. Santiago: Editorial Universidad Católica de Chile; 1993

((8)). Montero A. Educación sexual: un pilar fundamental en la sexualidad de la adolescencia. Rev Med Chile 2011; 139: 1249-1252.

El desarrollo de la afectividad enriquece a las personas porque se relaciona con toda la riqueza del mundo de los afectos y con la expresión de ellos, de diferentes maneras, a lo largo de la vida.

De todo lo hasta aquí visto se deduce que la vida se empobrece cuando no se desarrolla la capacidad afectiva. Nuestra cultura, desgraciadamente, sobrevalora el desarrollo intelectual y físico, dejando de lado el afectivo. Es más, se le da una connotación negativa a la persona muy expresiva o emotiva. Al hombre se le enseña a no expresar sus afectos como una manera de ser mas viril. Se logra así, formar personas fragmentadas que pierden en calidad de vida.

Esto hace que se pierda la capacidad de ternura y de expresión de afectos. Esta pérdida lleva a carencias afectivas, a egoísmos, a incomunicación y a soledades. Esta cadena pone en riesgo el desarrollo de niños y jóvenes y empobrece la vida adulta. Expresamos afectos a través de la comunicación, tanto verbal como no verbal. Más que las palabras, son los gestos, las actitudes, las miradas y aún los silencios, la mejor expresión de nuestra interioridad, de nuestra afectividad. ((5)) Otra forma de comunicación que tenemos los seres humanos es nuestra sexualidad. Somos sexuados y tenemos una forma de ser, de sentir, de pensar y de actuar según sea nuestro sexo. Por supuesto que a lo largo de la vida tenemos distintas formas de expresar nuestra sexualidad.

En la pubertad comienza a sentirse atracción por otras personas. Esta atracción erótica es también parte de nuestra afectividad; es la forma como reaccionamos o podíamos reaccionar frente al otro. Al producirse esta “química del amor” emitimos señales no siempre conscientes.

El lenguaje no verbal, con toda la riqueza de sus matices, traduce nuestra intimidad.

Tenemos una riqueza comunicativa en la piel y en el cuerpo. Una relación sexual en que existe atracción erótica y sentimientos profundos de amor, será la máxima comunicación que una pareja puedan compartir; satisface las necesidades afectivas que se dan en todos los planos de la relación humana: corporal, emocional, intelectual y espiritual. Mientras más profunda y satisfactoria sea la relación afectiva, más pleno y placentero será el contacto físico.((6))

De esta manera, encontramos que la sexualidad y la vida afectiva son elementos tan importantes como misteriosos de la experiencia humana. Probablemente, en la actividad sexual se ponen en juego todos los sectores de nuestra personalidad. La relación sexual puede ser mucho más gratificante cuando se da dentro de una relación significativa.

En relación a la sexualidad, nuestra cultura nos ofrece grandes contradicciones, lo sexual esta cargado de significados relativos al género y su forma de expresar y sentir, que generan estereotipos en las relaciones de pareja.

Entre ellos encontramos por ejemplo, el que para las mujeres, la relación sexual es un acto de entrega, mientras que para el hombre es un acto de conquista, una prueba de virilidad. La sexualidad masculina aparece ligada al status y al poder, mientras en la mujer se mantiene ligada a una necesidad emocional.

Además de estos estereotipos, se pueden mencionar ciertos mitos que también dificultan la expresión de sentimientos y emociones referentes a la sexualidad ((6,7)):

  • El orgasmo debe ser siempre simultáneo, de lo contrario existiría una anormalidad.
  • Creer que siempre es el hombre el que debe tomar la iniciativa en el encuentro sexual.
  • Creer que el sentido de virilidad en el hombre está en la destreza para permitir que la mujer llegue al orgasmo.

En la familia gran parte de la comunicación sobre afectividad y sexualidad es no verbal, como la interacción de los padres, la forma de expresar sus afectos, el respeto, la delicadeza, el pudor en la vida diaria y reacciones frente a mensajes de la televisión. Son muchos los incidentes que en el curso de la vida familiar sirven para enseñar a los hijos, tanto en el manejo de afectos como valores y roles sexuales. Esa fuente de información puede ser más potente y significativa que la transmisión verbal, por la gran susceptibilidad que tienen niños y adolescentes en este sentido. De lo que ellos ven en la familia obtendrán su formación para la vida.

Tu valoración:
Promedio de votaciones: 3.8

((1)). Capponi R. Psicopatología y semiología psiquiátrica. Santiago: Editorial Universitaria; 1996

((2)). Davidoff L. Introducción a la psicología. México: Editorial McGraw-Hill; 1993

((3)). Märtin D. y Boeck K. Qué es la inteligencia emocional. Munich: Editorial EDAF; 1997

((4)). Lobos L. La afectividad como componente de la sexualidad. En: Molina R, Sandoval J, González E, editores. Salud Sexual y Reproductiva en la Adolescencia. Santiago: Mediterráneo; 2003. p. 706-718

((5)).Papalia D. y Wendkos S. Desarrollo humano. México: Editorial McGraw-Hill; 1992

((6)). Santelices l, Romo W, Inostroza V, De la Fuente R. El misterio de la sexualidad humana. Santiago: Editorial Universidad Católica de Chile; 1992

((7)). Sarquis C. Introducción al estudio de la pareja humana. Santiago: Editorial Universidad Católica de Chile; 1993

((8)). Montero A. Educación sexual: un pilar fundamental en la sexualidad de la adolescencia. Rev Med Chile 2011; 139: 1249-1252.

Los fenómenos afectivos se caracterizan por ((2)) :

  • Ser subjetivos: La afectividad convierte toda experiencia en vivencia interna. La manera como se viva una experiencia va a depender tanto del estímulo como de factores personales de quien la experimenta, como por ejemplo el temperamento, que se define  como el estilo individual característico de acercarse y reaccionar ante las personas y las situaciones, que implica un componente biológico de la personalidad.
  • Espontáneos: Los afectos surgen como reacción o resultado de la relación entre el individuo y su medio. Son involuntarios, por lo tanto no son ni buenos ni malos. Al trabajar con personas en general y especialmente con adolescentes y tratar de entender sus comportamientos, se debe tener presente que detrás de cada conducta existe un fundamento emocional que motiva a actuar de esa manera.
  • Bipolares: lo que implica que se mueven de un polo a otro, según tres  dimensiones, agradables o desagradables, generen placer o rechazo e intensos o neutros.
  • Universales: Los afectos son universales en su forma de expresión. En cualquier parte del mundo la alegría o la tristeza que una persona experimenta es reconocible aunque no se entienda el idioma que habla o aunque no exprese palabras.

Además, los fenómenos afectivos acompañan, dirigen y a veces modifican la actividad psíquica y física. Por ejemplo, en el supuesto de experimentar un miedo intenso podría producirse taquicardia, sudoración, aumento de secreción de adrenalina, dificultad para pensar con claridad o rapidez para correr como quisiéramos. Cualquiera sea la intensidad, los afectos pasan por el cuerpo aunque no siempre estemos conscientes o sensibles a ellos ((2)). Con frecuencia es necesario tener un fuerte dolor de cabeza o una úlcera para reconocer que estamos sobrecargados.

Los fenómenos afectivos determinan nuestras conductas y decisiones, a veces más que los factores racionales y puede decirse que actuamos guiados por la afectividad. Cuando los afectos son muy intensos pueden alterar la lógica y la objetividad, deformar la apreciación de la cosas y disminuir el sentido crítico frente a la realidad, constituyendo un riesgo.((1))

Los sentimientos o emociones exigen expresión, ya sea a través de palabras, gestos o actitudes que reflejan el estado afectivo subyacente. Sin embargo, a veces es posible negar o disfrazar los afectos lo que puede inducir a equivocaciones o engaños.

Si los adultos, en ocasiones se dejan llevar por los afectos, pensemos qué puede pasarle a los niños que todavía no reflexionan, que actúan bajo el impulso de una necesidad o deseo, o a los adolescentes que están viviendo una etapa de gran inestabilidad emocional y suelen reaccionar en formas extremas en su adolescencia temprana y a medida que pasa el tiempo, pueden quedarse en los matices.

Respuesta Afectiva

La forma como se viva una experiencia dependerá tanto de la fuerza del estímulo como de factores personales del que está percibiendo.

Existen factores personales en cada individuo, ya sea niño, adolescente o adulto, que influirán en el tipo, intensidad, permanencia, reacción y forma de expresar los afectos.

Frente a un mismo estímulo no todos reaccionan de igual manera. Cada uno tiene sus propias características que dependerán:

  • Factores biológicos o constitucionales: sistema nervioso, hormonas, metabolismo, función endocrina, estado general de salud.
  • Factores heredados: genéticamente heredamos distintas características físicas y psicológicas, distintos tipos de temperamentos que marcan la diferencia de nuestra respuesta afectiva.
  • Factores aprendidos: estos tienen relación con modelos entregados por la familia Una familia alegre cálida, comprensiva y que apoya tendrá una forma muy diferente de entregar y expresar afectos comparada a otra fría, apática, poco expresiva. En esta última es probable que los niños sean emocionalmente mudos.

Tu valoración:
Promedio de votaciones: 5.0

((1)). Capponi R. Psicopatología y semiología psiquiátrica. Santiago: Editorial Universitaria; 1996

((2)). Davidoff L. Introducción a la psicología. México: Editorial McGraw-Hill; 1993

((3)). Märtin D. y Boeck K. Qué es la inteligencia emocional. Munich: Editorial EDAF; 1997

((4)). Lobos L. La afectividad como componente de la sexualidad. En: Molina R, Sandoval J, González E, editores. Salud Sexual y Reproductiva en la Adolescencia. Santiago: Mediterráneo; 2003. p. 706-718

((5)).Papalia D. y Wendkos S. Desarrollo humano. México: Editorial McGraw-Hill; 1992

((6)). Santelices l, Romo W, Inostroza V, De la Fuente R. El misterio de la sexualidad humana. Santiago: Editorial Universidad Católica de Chile; 1992

((7)). Sarquis C. Introducción al estudio de la pareja humana. Santiago: Editorial Universidad Católica de Chile; 1993

((8)). Montero A. Educación sexual: un pilar fundamental en la sexualidad de la adolescencia. Rev Med Chile 2011; 139: 1249-1252.

El mundo afectivo en muchas ocasiones puede alterar el pensamiento, por ejemplo, cuando estamos ciegos de rabia o amor. De esta manera, es imposible pensar en un desarrollo intelectual separado de un desarrollo emocional. La inteligencia emocional, es la que se pone en práctica al momento de ser capaz de reaccionar correctamente ante nuevos desafíos y responder a las exigencias de la vida.

La inteligencia emocional, supone un adecuado conocimiento de sí mismo y de sensibilidad frente a los otros, además de ciertas características. ((3))

  • Reconocer las propias emociones: poder hacer una apreciación y dar nombre a las propias emociones. Es necesario saber por qué se siente como se siente, para poder manejar las emociones, moderarlas y ordenarlas de manera consciente.
  • Saber manejar las propias emociones: emociones como la rabia, el miedo o la tristeza, son mecanismos de supervivencia que forman parte de nuestro bagaje emocional básico, por lo que no deben negarse o evitarse, sino más bien, ser asertivo en la expresión de ellas.
  • Utilizar las habilidades personales: para manejar las emociones es importante además, ser perseverante, disfrutar aprendiendo, tener confianza en uno mismo y ser capaz de sobreponerse frente a los fracasos.
  • Saber ponerse en el lugar de los demás: la empatía ante otras personas requiere la predisposición a admitir las emociones, escuchar con atención y ser capaz de comprender pensamientos y sentimientos que no se han expresado verbalmente.
  • Crear relaciones sociales: importante es la capacidad de crear relaciones sociales, de reconocer conflictos y solucionarlos, de encontrar el tono adecuado y percibir los estados emocionales de los demás.

El desarrollo de la afectividad es necesario para alcanzar una madurez emocional adecuada, de acuerdo a la edad y etapa de vida. Distintos autores proponen diferentes indicadores o criterios de madurez afectiva o emocional que permiten reconocer el grado de desarrollo afectivo alcanzado.

Se debe tener en cuenta que madurez es un proceso dinámico, de desarrollo paulatino. Es un concepto relativo que puede referirse tanto al desarrollo total de la personalidad como a cada una de las esferas del desarrollo humano, y en cada etapa evolutiva de la vida. Por ejemplo, un adolescente puede estar maduro biológicamente para tener un hijo, pero no lo está desde un punto de vista emocional, ni social.

Madurez afectiva implica la integración armónica de todos los componentes de la personalidad, logrando tener una percepción correcta acerca de si mismo, de los demás y del mundo que nos rodea. El logro de una personalidad armónica permite un bienestar emocional; sentirse bien interiormente.

Indicadores de Madurez Afectiva

A continuación se mencionan algunos indicadores de madurez afectiva, entre otros.((4))

  • Tener capacidad de amor maduro y que éste sea un acto de la voluntad, de donación, de compromiso y fidelidad. Que incluya capacidad de comunicación, de convivencia y necesidad de compartir la vida con esa persona.
  • Identificar, expresar y manejar todo tipo de afectos y ser sensibles a los afectos ajenos. El ocultar o no expresar los sentimientos bloquea el crecimiento personal.
  • Disfrutar de pequeños agrados cotidianos lo que repercutirá en un estado de ánimo más positivo y estable. Tener despierta la capacidad de admiración.
  • Aceptar y manejar experiencias dolorosas que no podemos evitar (enfermedades, muerte). Esto no significa suprimir las emociones sino darle a cada una el valor que le corresponde. Aceptar el dolor como necesario para la maduración de la personalidad.
  • Tener estabilidad emocional. No ser lábil, cambiante y tener dominio sobre el exceso emocional.
  • Tener una autoestima real y positiva. Esto permite estar satisfecho consigo mismo, con los demás y con el mundo. Posibilita la capacidad de autocrítica, lo que redundará en el propio perfeccionamiento.
  • Ser socialmente adaptado. Tener un comportamiento adecuado, ser capaz de compartir y relacionarse en familia, colegio, trabajo, instituciones y relaciones sociales en general. Tener capacidad para la convivencia diaria.
  • Tener un comportamiento asertivo. Para ello se requiere de una buena autoestima, apertura y flexibilidad para actuar y capacidad de empatía frente a los demás. Comunicarse sin inhibición ni agresión, sin dejarse presionar por otros sino expresando clara, honesta y directamente lo que se desea, se siente o se piensa.
  • Tener un proyecto de vida con metas concretas ya que la vida no se improvisa.
  • Tener conocimiento de la propia sexualidad. Aceptarla sin temores, culpas, ni creencias erradas. Estar satisfecho y valorar el propio sexo. Reconocer lo que el cuerpo siente y a la vez tener autocontrol sobre él. Realizarse como persona en los distintos ámbitos y etapas de la vida.
  • Mantener lazos afectivos estables. Compartir experiencias afectivas, constructivas, con personas de ambos sexos y de diferentes edades. Sentir más satisfacción en dar que en recibir.

No siempre los adultos logran la madurez afectiva emocional que se espera y es probable que algunos de estos indicadores de madurez estén ausentes en muchos adolescentes pero, con un desarrollo y educación afectivo-sexual adecuado, estarán en camino de lograr mayor madurez afectiva.

Tu valoración:
Promedio de votaciones: 3.5

((1)). Capponi R. Psicopatología y semiología psiquiátrica. Santiago: Editorial Universitaria; 1996

((2)). Davidoff L. Introducción a la psicología. México: Editorial McGraw-Hill; 1993

((3)). Märtin D. y Boeck K. Qué es la inteligencia emocional. Munich: Editorial EDAF; 1997

((4)). Lobos L. La afectividad como componente de la sexualidad. En: Molina R, Sandoval J, González E, editores. Salud Sexual y Reproductiva en la Adolescencia. Santiago: Mediterráneo; 2003. p. 706-718

((5)).Papalia D. y Wendkos S. Desarrollo humano. México: Editorial McGraw-Hill; 1992

((6)). Santelices l, Romo W, Inostroza V, De la Fuente R. El misterio de la sexualidad humana. Santiago: Editorial Universidad Católica de Chile; 1992

((7)). Sarquis C. Introducción al estudio de la pareja humana. Santiago: Editorial Universidad Católica de Chile; 1993

((8)). Montero A. Educación sexual: un pilar fundamental en la sexualidad de la adolescencia. Rev Med Chile 2011; 139: 1249-1252.

Todos los seres vivos tienen órganos sensibles, que al recibir un estímulo les provoca una reacción. Los seres humanos también somos organismos sensibles y esta sensibilidad nos hace receptivos de estímulos que pueden venir, tanto del mundo externo (medio ambiente, clima, medio social, etc.) como del mundo interno (impulsos, deseos, tendencias, necesidades).

Nuestra sensibilidad nos permite experimentar un sinnúmero de fenómenos afectivos en forma constante y permanente. A este proceso de afectar y de ser afectados que ocurre entre el individuo y su medio, se le llama VIDA AFECTIVA.

La afectividad es una cualidad psíquica a través de la cual el individuo es capaz de experimentarse a si mismo y vivenciar, en lo más íntimo, la realidad externa. Es el modo como somos afectados interiormente por las circunstancias que se producen a nuestro alrededor.

La manera en que podemos ser afectados o estimulados, será por cualquier característica o cambio del mundo interno o externo, cuya energía o fuerza sea suficiente para influir en el sistema psicológico de la persona que está percibiendo. Estos estímulos van a provocar  respuestas o activaciones emocionales que son los fenómenos afectivos. Estos varían y se clasifican según sea su duración, intensidad, permanencia y nivel de compromiso con el organismo en su totalidad. De esta manera, encontramos que sentimiento y emoción tienen un significado similar, pero el segundo implica un mayor componente fisiológico, implica una menor duración y una mayor intensidad. Sentimientos y emociones serían los pilares fundamentales que constituyen la afectividad, la cual se traducirá finalmente en un estado de ánimo ((1)).

  • Emociones: Reacciones afectivas transitorias.
  • Sentimientos: Estados afectivos mas estables.
  • Estados de ánimo: Tonalidad afectiva que compromete al organismo en su totalidad.

Tu valoración:
Promedio de votaciones: 4.6

((1)). Capponi R. Psicopatología y semiología psiquiátrica. Santiago: Editorial Universitaria; 1996

((2)). Davidoff L. Introducción a la psicología. México: Editorial McGraw-Hill; 1993

((3)). Märtin D. y Boeck K. Qué es la inteligencia emocional. Munich: Editorial EDAF; 1997

((4)). Lobos L. La afectividad como componente de la sexualidad. En: Molina R, Sandoval J, González E, editores. Salud Sexual y Reproductiva en la Adolescencia. Santiago: Mediterráneo; 2003. p. 706-718

((5)).Papalia D. y Wendkos S. Desarrollo humano. México: Editorial McGraw-Hill; 1992

((6)). Santelices l, Romo W, Inostroza V, De la Fuente R. El misterio de la sexualidad humana. Santiago: Editorial Universidad Católica de Chile; 1992

((7)). Sarquis C. Introducción al estudio de la pareja humana. Santiago: Editorial Universidad Católica de Chile; 1993

((8)). Montero A. Educación sexual: un pilar fundamental en la sexualidad de la adolescencia. Rev Med Chile 2011; 139: 1249-1252.