Secuelas físicas.-

La mayoría de los traumas que ocasiona el abuso sexual en niños, adolescentes y jóvenes son de naturaleza psicológica debido a que, inicialmente al menos, la mayoría de las víctimas reaccionan con pasividad ante el abuso. Las razones que explicarían esta no resistencia al abuso pueden ser el miedo al uso de la fuerza física por parte del agresor, ignorancia, amenazas del abusador hacia su familia, sentimientos de desamparo, miedo a que sus madres o padres no les crean, o porque el abusador está en autoridad y dependencia económica. Sin embargo, una proporción de los niños, adolescentes y jóvenes sufren traumas físicos tales como lesiones, infecciones vaginales, dolor, prurito, lesiones o heridas, irritación en el área genital, sangrado o goteo inter-menstrual. Otros síntomas conductuales o psicológicos pueden ser ansiedad, jaquecas, irritabilidad, disturbios del sueño, cambio en los hábitos del comer, pesadillas, fatigas, quejas somáticas difusas.

El embarazo en la adolescente o joven puede ser el resultado de una situación de abuso sexual. Esta posibilidad puede ser considerada, particularmente cuando el progenitor de su embarazo es significativamente mayor. Otro indicador más amplio de esta posibilidad es la renuencia de la adolescente o de su familia a divulgar la identidad de éste. El descubrimiento del embarazo suele ser en estos casos, la primera declaración de la existencia de abuso sexual de larga duración.

Otra consecuencia en este aspecto puede ser la aparición de Infecciones de Transmisión Sexual, incrementándose la posibilidad de infección por VIH. Muchos de los niños, adolescentes y jóvenes que fueron abusados sexualmente, siguen sintiendo mucho miedo por esta posibilidad aún siendo adultos. Temen haber sido dañados físicamente por el abuso. Por ejemplo, en una adolescente, la menarquia tardía puede ser causada como causa psicológica a consecuencia del abuso.((37,38,39))

Secuelas psicológicas.-

Los aspectos psicológicos pueden entenderse como la resultante de complejas interacciones entre algunos aspectos del adolescente o joven y los factores implicados en el abuso sexual. Si bien algunas de las experiencias anteceden a la aparición de la adolescencia, es solamente la maduración cognoscitiva lo que permite la realización y expresión de estos sentimientos.

La depresión es comúnmente vivenciada, en especial por jóvenes mujeres, como resultado del abuso sexual y se encuentra muy vinculada a la respuesta familiar y social, aún cuando éstas tiendan a protegerla y apoyarla. La depresión es con frecuencia una respuesta a uno de varios factores. Ellos incluyen una sensación de maldad y culpa, baja autoestima vinculada a sentimientos de vergüenza, suciedad y daño; o también una creencia de ser valorada sólo como objeto de abuso sexual para gratificación de otros; un sentimiento de estar entrampada y falta de apoyo y ayuda frente a estas sensaciones opresoras.

La acomodación y adaptación psicológica del niño, niña o adolescente es necesaria para sobrevivir emocionalmente el período abusivo. Este proceso de acomodación a menudo permite que el abuso siga su curso aparentando una vida normal, con sólo algunos signos de disturbio en el comportamiento o en la esfera afectiva, que sólo retrospectivamente sean reconocidos como indicadores de este abuso. El niño, niña o adolescente puede aislar la experiencia abusiva del resto de su vida olvidando o aparentando que el abuso no ha ocurrido. ((40,41,42))

Los adolescentes y jóvenes varones abusados experimentan síntomas muy similares a los experimentados por las mujeres, como depresión, aislamiento, pobre auto-concepto, dificultad en establecer relaciones y problemas sexuales. Muchos adolescentes varones son también similares a las víctimas mujeres ya que también se avergüenzan por lo que les pasó o se ven ellos mismos como responsables o débiles por permitir que sucediera.

La forma más angustiante que se percibe como mecanismo de evasión de aquella situación intolerable, son los intentos de autoagresión experimentados por los y las adolescentes víctimas de abuso sexual. El abusar de otros puede ser una forma de evasión utilizada por los adolescentes varones. Otros adolescentes se evaden del abuso a través de la huida o fuga del hogar. Sentimientos de culpa, de inferioridad o sentimientos de desvaloración, son también resultados de haber sido abusado.

Dos dificultades surgen en la sexualidad de adolescentes abusados:

  • Cuando el abuso es descubierto podría ser muy difícil abandonar los sentimientos de culpa, impotencia o disociación de la experiencia. Esta experiencia de haber sido víctima desamparada contribuye a la identidad del o la adolescente o joven,
  • Algunos adolescentes o jóvenes mantienen el silencio acerca del abuso para proteger a padres, tutores o familiares de la angustia de saber sobre el abuso. Cuando se devela el abuso, los y las adolescentes o jóvenes se ven enfrentados a las suposiciones de los adultos de que ellos o ellas podrían haber encarado activamente el abuso o que el hecho de no   haber develado con anterioridad, implica que éste no fue tan mal recibido por él o la adolescente o joven, estos puntos de vista, aunque equivocados, hacen consonancia con los sentimientos de culpa de adolescentes y jóvenes víctimas de abuso sexual. ((1,40,41))

Dificultades sexuales de adolescentes varones abusados sexualmente.

La renuencia de los varones adolescentes o jóvenes a poner de manifiesto el abuso sexual del cual han sido víctimas, puede estar vinculada a muchos factores. Uno de ellos es que la sociedad continúa considerando que el varón víctima de abuso sexual es menos aceptable que la víctima mujer. Debido a que la forma de acercamiento de los abusadores, que en general son extraños, la realizan a través de rodeos sexuales al adolescente o joven, esta actitud así como la reiteración de estas situaciones vivenciadas en particular por adolescentes o jóvenes vulnerables les causa mucha vergüenza.

Más aún en vista de que la mayoría de los abusadores son hombres, tanto de víctimas mujeres como de varones, esta revelación pone en evidencia la complicación involuntaria de los jóvenes abusados sexualmente en relaciones homosexuales. La cuestión de la identidad sexual es específicamente problemática para ellos, quienes en su mayoría experimentan miedo y confusión.

Miedo implícito de que si fue elegido por el abusador esto indique de una manera imperceptible la homosexualidad inherente en él. Si durante su post-pubertad experimenta el despertar sexual en situación de abuso, esto lo puede percibir como un indicador más de la orientación sexual del adolescente.

Finalmente algunos adolescentes temen que el conocimiento que otros puedan tener acerca de este abuso realizado por otro hombre, lo conduzca al etiquetamiento homosexual. Se ha afirmado que adolescentes varones que presentan una postura rígida de homofobia, puede ser de hecho un indicador de abuso sexual. Aunque esto es difícil de probar en sociedades que presentan alta frecuencia de homofobia.((33))

Por otro lado, el abuso sexual realizado por una mujer, cuando es reconocido como abuso, lleva su propia marca para ellos, ya que puede significar la debilidad de un hombre en manos de una mujer.

Secuelas del abuso sexual en el funcionamiento social

Una historia de abuso sexual pasada o actual a menudo está asociada a dificultades escolares, problemas de concentración y en general a una baja en el rendimiento académico que no se asocia a déficit intelectual. Otros efectos mencionados por la literatura son ausentismo escolar, deserción escolar, abandono del hogar, vagancia y delincuencia. Abuso de alcohol y drogas y matrimonios tempranos especialmente en la adolescente, como una forma de escapar del abuso, son otras consecuencias del abuso sexual en adolescentes y jóvenes.

Algunos estudios han reportado la alta incidencia del abuso sexual como causante de la fuga del hogar. Esta experiencias llevará, a adolescentes vulnerables a mayores abusos y explotación, siendo el fenómeno de la prostitución juvenil o comercio sexual una clara demostración de ello.((41,42,43,44)).

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