TENER CALMA, SERENIDAD, TRANQUILIDAD.-

La primera respuesta tendrá gran impacto sobre la niña o adolescente. Ellos lo hacen mejor cuando las personas en quienes confían tienen calma y aceptación hacia ellos. Si el niño percibe alarma, disgusto por lo que pasó, tal vez deje de contar. Además, en la medida en que va contando su historia, poco a poco, va mirando la reacción de la persona, cuando encuentra que no es rechazado se atreve a seguir contando la peor parte.

CREERLE.-

Es fundamental creerle lo que está revelando, aún cuando puede haber inconsistencias o confusión en los detalles, y mantener una mente abierta. Si hay partes del relato que puedan ser confusos, decirle que no se le está entendiendo muy bien y que vuelva a repetir para no sacar conclusiones equivocadas.

ESCUCHAR.-

Enterarse de los detalles lentamente, sin presionar o confundirlo. Hay que recordar que conversar acerca de sentimientos y experiencias difíciles, generalmente, se hace lentamente y por etapas. Escuchar tranquilamente, en forma calmada. Hacer preguntas pertinentes, dirigidas, principalmente, desde cuando está ocurriendo el abuso, el grado o tipo de abuso, la forma de amenaza a que está siendo sometido.

NO JUZGAR Y ASEGURAR QUE LO QUE PASO NO FUE SU CULPA.-

Nunca acuse o dé la impresión de acusar. Recuerde que el abuso sexual no es una falta del niño o niña, adolescente o joven, la culpa y responsabilidad es siempre del abusador, aún cuando algunas reglas no fueron seguidas por la niña o niño (ejemplo salir sin permiso o el tipo de vestuario usado). El miedo al rechazo, al castigo o a que no le van a creer es la principal razón para no revelar el abuso a que está siendo sometida/o y el agresor puede haberle amenazado de que este tipo de respuesta o reacción es la que obtendrá si lo cuenta a alguien.

DARLE APOYO.-

Permanecer cerca del niño o niña cuando esté conversando acerca de lo que le pasó y acerca de sus sentimientos. Más aún tomarle la mano puede asegurarle que el profesional está ahí para protegerlo/a. Asegurarle que es digno de amor y apoyo, aún cuando algo malo le haya sucedido. Se le debe dar mucha fuerza, decirle que ha sido muy valiente por atreverse a contarlo.

SER AMABLE.-

Ser amable para que el niño, adolescente o joven confíe lo suficiente para contar esta experiencia extremadamente desagradable. Asegurarle que hizo lo correcto en contar y hacerle saber que tiene todo el derecho de conversar acerca de sus sentimientos de incomodidad, tristeza, miedo, rabia, odio, vergüenza, dolor, etc.

RECORDAR QUE ES EL NIÑO O NIÑA, ADOLESCENTE O JOVEN QUIEN HA SIDO HERIDO/A O DAÑADO/A.-

Algunas veces los sentimientos de dolor, angustia, vergüenza o rabia experimentados por el profesional hacen olvidar temporalmente quién es la víctima principal. Se debe atender a las necesidades de la víctima primero, aún cuando el profesional pueda estar muy afectado también.

RESPETAR LA PRIVACIDAD Y CONFIDENCIALIDAD.-

Discutir y comentar el problema solamente con aquellas personas que necesitan conocerlo. Ser abusada/o sexualmente no es un secreto sucio, pero tampoco es una información pública que todo el mundo deba conocer. No se le debe forzar que el niño, niña o adolescente o joven cuente a quien no quiere. Pero es muy importante hacerle saber que hay que contarle a alguien más, a algún adulto de su familia, o de su entorno para que pueda brindarle ayuda, porque si esto permanece en silencio el abusador va a continuar haciéndole daño y puede hacerle daño a otros niños adolescentes o jóvenes. En este punto no se debe imponer la persona a quien la niña o niño debería contar. Muchas veces se piensa que debería recurrir a la madre, pero no siempre la madre es el recurso más efectivo, pues tal vez ella también se encuentre atrapada en este círculo de violencia. Se tiene que preguntar quién es esa persona cercana en quién confiar y que podría ayudarla.

NO CREAR FALSAS EXPECTATIVAS.-

No se debe prometer algo que no se va a cumplir. Es importante preguntar qué espera el niño, niña o adolescente o joven del profesional, qué quiere que haga y luego establecer juntos hasta donde llegará su ayuda.

BUSCAR AYUDA PROFESIONAL ADECUADA.-

Es necesario y conveniente, que llegado un cierto momento y si es posible con el acuerdo de la/el adolescente o joven y sus familiares, referir el caso a instituciones o profesionales especializados en el tema. Hay fuertes sentimientos que deben ser tratados por expertos en salud mental y es necesario tratamiento psicológico para curar las heridas causadas por el abuso sexual. Secuelas a largo plazo como depresión, enfermedades psicosomáticas o dificultades serias en el plano de las relaciones interpersonales pueden perdurar si no son debidamente tratadas. Persistir hasta encontrar una organización, grupo especializado en la atención de víctimas de abuso sexual, en hospitales, clínicas de atención de salud mental de la comunidad.

POSIBILIDAD DE ACOMPAÑAR.-

Una vez que el caso sea referido a otros profesionales del área psicológica o legal, es conveniente no desentenderse totalmente del niño, niña o adolescente o joven, manteniendo de alguna manera el espacio de comunicación logrado.

COMPARTIR EL IMPACTO QUE PRODUCE.-

El profesional debería buscar ayuda, pues el hecho de encontrase ante una situación de abuso sexual impacta, genera sentimientos de temor, de indignación o de mucha impotencia, por lo que es muy importante que se hable con alguien más para compartir esos sentimientos.

EL PROFESIONAL DEBE RECONOCER SU LIMITACION.-

Lo que muchas veces asusta es ser depositario/a de un secreto, de un problema, se sabe que algo se debe hacer, pero hay que reconocer las limitaciones que se puede tener y la ayuda que se pueda ofrecer al adolescente, tiene que ser posible de cumplir. La solución de muchos aspectos del problema no va a estar al alcance de un sólo profesional, pero lo mucho o poco que se pueda hacer con la intención de ayudar va a ser muy importante y válido.((30,44,53,54,55,56))

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