• Dependencia de la víctima del victimario o agresor. Especialmente si hay una dependencia económica del agresor, la familia hace un balance de las ventajas y desventajas de hacer o no la denuncia y si es desventajoso puede influir para no efectuarla.
  • Permanencia de la víctima bajo amenaza del agresor. Estas amenazas de daño grave pueden recaer sobre su persona o sobre personas ligadas a ella por vínculos de parentesco o afectividad.
  • Vergüenza, temor al escándalo. A que se enteren los amigos, vecinos, temor a ser señalada con el dedo. Temor al estigma social.
  • Pudor de aparecer en la prensa. Aún cuando existe una disposición legal que impide que se identifique a los menores de edad que aparezcan involucrados en actos judiciales, en la práctica muy poco se respeta esta disposición.
  • Miedo a la reacción de padres o tutores. Con frecuencia se observa que los menores, adolescentes y jóvenes experimentan mucho miedo a enfrentar a los padres o tutores, experimentan temor al castigo, a que no se les crea, más aún, que puedan ser culpados por facilitar o estimular la agresión sexual.
  • Temor al comportamiento insensible de las autoridades o instancias judiciales. Incluso las víctimas sienten que no se les cree, que se pone en duda sus declaraciones y los datos aportados, por algunas inconsistencias propias de la situación traumática que viven.
  • Posibles trabas o entorpecimiento en los mecanismos de investigación. Para el juez no es válida la confesión del inculpado en instancias policiales tales como Investigaciones o Carabineros, si ésta no es ratificada en el Tribunal.
  • Falta de privacidad en los lugares de denuncia y personal no capacitado para tomar declaraciones a niñas, adolescentes y jóvenes que viven esta experiencia y que son llevados en los Tribunales del Crimen.
  • Bajo índice de esclarecimiento del delito. Lo que lleva a su vez a falta de sanciones para el inculpado. Este es un factor importante, ya que la mayoría de las víctimas y sus familias son renuentes a involucrarse en largos procedimientos judiciales que al final terminan en casos cerrados por falta de pruebas o simplemente el inculpado sobreseído.

Ahora, esta baja frecuencia de esclarecimientos se puede explicar por las dificultades en comprobar el delito, por la naturaleza misma de éste, por la ausencia de testigos presenciales, por la mayor o menor credibilidad de la víctima, por la no concurrencia del inculpado, por la demora en hacerse la denuncia, por la ausencia de pruebas, peritajes y evidencias que puedan resultar en pruebas importantes en la tipificación del delito y en la identificación del agresor (exámenes de sudor, semen, saliva, pelos, sangre) y finalmente, la no coordinación entre los servicios de urgencia u otros a los cuales haya concurrido la víctima primero, con el Servicio Médico Legal.

Este último cuenta ahora con atención las 24 hrs. y un equipo de Salud Mental para peritajes en Violencia Intrafamiliar incluyendo las agresiones sexuales.((28,29,30)).

Por otro lado, la investigación en este tema se ha caracterizado por presentar una serie de dificultades metodológicas que se han centrado en el uso inconsistente de definiciones, sesgos en las muestras estudiadas, diseños retrospectivos, carencia de medidas estandarizadas, además de grupos comparativos apropiados. Por lo tanto, predominan los estudios con pequeñas muestras no seleccionadas al azar, con frecuencia sin grupo control, y por lo general, los casos provienen de los registros clínicos o de los registros policiales.

Otro sesgo a considerar, es la investigación centrada más en el abuso sexual femenino. En este sentido, las estadísticas disponibles señalan que las niñas tienen dos veces más probabilidades de ser abusadas sexualmente que los niños.
Es probable que cualquier estudio, aún con la más efectiva metodología subestime la real prevalencia del abuso sexual en la población que se investiga. Uno de cada tres incidentes de abuso sexual infantil, no son recordados por los adultos que lo experimentaron. Por otro lado, a menor edad del niño o niña al momento del abuso y a más cercana relación con el adulto agresor, es más probable que no lo recuerde. ((31,32,33,34))

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