El desarrollo de la afectividad enriquece a las personas porque se relaciona con toda la riqueza del mundo de los afectos y con la expresión de ellos, de diferentes maneras, a lo largo de la vida.

De todo lo hasta aquí visto se deduce que la vida se empobrece cuando no se desarrolla la capacidad afectiva. Nuestra cultura, desgraciadamente, sobrevalora el desarrollo intelectual y físico, dejando de lado el afectivo. Es más, se le da una connotación negativa a la persona muy expresiva o emotiva. Al hombre se le enseña a no expresar sus afectos como una manera de ser mas viril. Se logra así, formar personas fragmentadas que pierden en calidad de vida.

Esto hace que se pierda la capacidad de ternura y de expresión de afectos. Esta pérdida lleva a carencias afectivas, a egoísmos, a incomunicación y a soledades. Esta cadena pone en riesgo el desarrollo de niños y jóvenes y empobrece la vida adulta. Expresamos afectos a través de la comunicación, tanto verbal como no verbal. Más que las palabras, son los gestos, las actitudes, las miradas y aún los silencios, la mejor expresión de nuestra interioridad, de nuestra afectividad. ((5)) Otra forma de comunicación que tenemos los seres humanos es nuestra sexualidad. Somos sexuados y tenemos una forma de ser, de sentir, de pensar y de actuar según sea nuestro sexo. Por supuesto que a lo largo de la vida tenemos distintas formas de expresar nuestra sexualidad.

En la pubertad comienza a sentirse atracción por otras personas. Esta atracción erótica es también parte de nuestra afectividad; es la forma como reaccionamos o podíamos reaccionar frente al otro. Al producirse esta “química del amor” emitimos señales no siempre conscientes.

El lenguaje no verbal, con toda la riqueza de sus matices, traduce nuestra intimidad.

Tenemos una riqueza comunicativa en la piel y en el cuerpo. Una relación sexual en que existe atracción erótica y sentimientos profundos de amor, será la máxima comunicación que una pareja puedan compartir; satisface las necesidades afectivas que se dan en todos los planos de la relación humana: corporal, emocional, intelectual y espiritual. Mientras más profunda y satisfactoria sea la relación afectiva, más pleno y placentero será el contacto físico.((6))

De esta manera, encontramos que la sexualidad y la vida afectiva son elementos tan importantes como misteriosos de la experiencia humana. Probablemente, en la actividad sexual se ponen en juego todos los sectores de nuestra personalidad. La relación sexual puede ser mucho más gratificante cuando se da dentro de una relación significativa.

En relación a la sexualidad, nuestra cultura nos ofrece grandes contradicciones, lo sexual esta cargado de significados relativos al género y su forma de expresar y sentir, que generan estereotipos en las relaciones de pareja.

Entre ellos encontramos por ejemplo, el que para las mujeres, la relación sexual es un acto de entrega, mientras que para el hombre es un acto de conquista, una prueba de virilidad. La sexualidad masculina aparece ligada al status y al poder, mientras en la mujer se mantiene ligada a una necesidad emocional.

Además de estos estereotipos, se pueden mencionar ciertos mitos que también dificultan la expresión de sentimientos y emociones referentes a la sexualidad ((6,7)):

  • El orgasmo debe ser siempre simultáneo, de lo contrario existiría una anormalidad.
  • Creer que siempre es el hombre el que debe tomar la iniciativa en el encuentro sexual.
  • Creer que el sentido de virilidad en el hombre está en la destreza para permitir que la mujer llegue al orgasmo.

En la familia gran parte de la comunicación sobre afectividad y sexualidad es no verbal, como la interacción de los padres, la forma de expresar sus afectos, el respeto, la delicadeza, el pudor en la vida diaria y reacciones frente a mensajes de la televisión. Son muchos los incidentes que en el curso de la vida familiar sirven para enseñar a los hijos, tanto en el manejo de afectos como valores y roles sexuales. Esa fuente de información puede ser más potente y significativa que la transmisión verbal, por la gran susceptibilidad que tienen niños y adolescentes en este sentido. De lo que ellos ven en la familia obtendrán su formación para la vida.

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((1)). Capponi R. Psicopatología y semiología psiquiátrica. Santiago: Editorial Universitaria; 1996

((2)). Davidoff L. Introducción a la psicología. México: Editorial McGraw-Hill; 1993

((3)). Märtin D. y Boeck K. Qué es la inteligencia emocional. Munich: Editorial EDAF; 1997

((4)). Lobos L. La afectividad como componente de la sexualidad. En: Molina R, Sandoval J, González E, editores. Salud Sexual y Reproductiva en la Adolescencia. Santiago: Mediterráneo; 2003. p. 706-718

((5)).Papalia D. y Wendkos S. Desarrollo humano. México: Editorial McGraw-Hill; 1992

((6)). Santelices l, Romo W, Inostroza V, De la Fuente R. El misterio de la sexualidad humana. Santiago: Editorial Universidad Católica de Chile; 1992

((7)). Sarquis C. Introducción al estudio de la pareja humana. Santiago: Editorial Universidad Católica de Chile; 1993

((8)). Montero A. Educación sexual: un pilar fundamental en la sexualidad de la adolescencia. Rev Med Chile 2011; 139: 1249-1252.