Los fenómenos afectivos se caracterizan por ((2)) :

  • Ser subjetivos: La afectividad convierte toda experiencia en vivencia interna. La manera como se viva una experiencia va a depender tanto del estímulo como de factores personales de quien la experimenta, como por ejemplo el temperamento, que se define  como el estilo individual característico de acercarse y reaccionar ante las personas y las situaciones, que implica un componente biológico de la personalidad.
  • Espontáneos: Los afectos surgen como reacción o resultado de la relación entre el individuo y su medio. Son involuntarios, por lo tanto no son ni buenos ni malos. Al trabajar con personas en general y especialmente con adolescentes y tratar de entender sus comportamientos, se debe tener presente que detrás de cada conducta existe un fundamento emocional que motiva a actuar de esa manera.
  • Bipolares: lo que implica que se mueven de un polo a otro, según tres  dimensiones, agradables o desagradables, generen placer o rechazo e intensos o neutros.
  • Universales: Los afectos son universales en su forma de expresión. En cualquier parte del mundo la alegría o la tristeza que una persona experimenta es reconocible aunque no se entienda el idioma que habla o aunque no exprese palabras.

Además, los fenómenos afectivos acompañan, dirigen y a veces modifican la actividad psíquica y física. Por ejemplo, en el supuesto de experimentar un miedo intenso podría producirse taquicardia, sudoración, aumento de secreción de adrenalina, dificultad para pensar con claridad o rapidez para correr como quisiéramos. Cualquiera sea la intensidad, los afectos pasan por el cuerpo aunque no siempre estemos conscientes o sensibles a ellos ((2)). Con frecuencia es necesario tener un fuerte dolor de cabeza o una úlcera para reconocer que estamos sobrecargados.

Los fenómenos afectivos determinan nuestras conductas y decisiones, a veces más que los factores racionales y puede decirse que actuamos guiados por la afectividad. Cuando los afectos son muy intensos pueden alterar la lógica y la objetividad, deformar la apreciación de la cosas y disminuir el sentido crítico frente a la realidad, constituyendo un riesgo.((1))

Los sentimientos o emociones exigen expresión, ya sea a través de palabras, gestos o actitudes que reflejan el estado afectivo subyacente. Sin embargo, a veces es posible negar o disfrazar los afectos lo que puede inducir a equivocaciones o engaños.

Si los adultos, en ocasiones se dejan llevar por los afectos, pensemos qué puede pasarle a los niños que todavía no reflexionan, que actúan bajo el impulso de una necesidad o deseo, o a los adolescentes que están viviendo una etapa de gran inestabilidad emocional y suelen reaccionar en formas extremas en su adolescencia temprana y a medida que pasa el tiempo, pueden quedarse en los matices.

Respuesta Afectiva

La forma como se viva una experiencia dependerá tanto de la fuerza del estímulo como de factores personales del que está percibiendo.

Existen factores personales en cada individuo, ya sea niño, adolescente o adulto, que influirán en el tipo, intensidad, permanencia, reacción y forma de expresar los afectos.

Frente a un mismo estímulo no todos reaccionan de igual manera. Cada uno tiene sus propias características que dependerán:

  • Factores biológicos o constitucionales: sistema nervioso, hormonas, metabolismo, función endocrina, estado general de salud.
  • Factores heredados: genéticamente heredamos distintas características físicas y psicológicas, distintos tipos de temperamentos que marcan la diferencia de nuestra respuesta afectiva.
  • Factores aprendidos: estos tienen relación con modelos entregados por la familia Una familia alegre cálida, comprensiva y que apoya tendrá una forma muy diferente de entregar y expresar afectos comparada a otra fría, apática, poco expresiva. En esta última es probable que los niños sean emocionalmente mudos.

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((1)). Capponi R. Psicopatología y semiología psiquiátrica. Santiago: Editorial Universitaria; 1996

((2)). Davidoff L. Introducción a la psicología. México: Editorial McGraw-Hill; 1993

((3)). Märtin D. y Boeck K. Qué es la inteligencia emocional. Munich: Editorial EDAF; 1997

((4)). Lobos L. La afectividad como componente de la sexualidad. En: Molina R, Sandoval J, González E, editores. Salud Sexual y Reproductiva en la Adolescencia. Santiago: Mediterráneo; 2003. p. 706-718

((5)).Papalia D. y Wendkos S. Desarrollo humano. México: Editorial McGraw-Hill; 1992

((6)). Santelices l, Romo W, Inostroza V, De la Fuente R. El misterio de la sexualidad humana. Santiago: Editorial Universidad Católica de Chile; 1992

((7)). Sarquis C. Introducción al estudio de la pareja humana. Santiago: Editorial Universidad Católica de Chile; 1993

((8)). Montero A. Educación sexual: un pilar fundamental en la sexualidad de la adolescencia. Rev Med Chile 2011; 139: 1249-1252.