La sexualidad es principalmente la construcción social de un impulso biológico, que es además, multidimensional y dinámica, es decir, la experiencia que una persona tenga de la sexualidad está mediada por la biología, los roles de género y las relaciones de poder, como también por factores tales como la edad y la condición social y económica. Sin embargo, la influencia social más profunda sobre la sexualidad de una persona proviene de los roles de género prescritos, las normas y valores sociales que determinan el poder relativo, las responsabilidades y las conductas de hombres y mujeres por lo tanto, la experiencia individual de la sexualidad no es más que la expresión de ese desequilibrio. ((3,4))

Estos roles imponen un marco de referencia que, deja a las mujeres y a los hombres mal preparados para tener relaciones íntimas mutuamente satisfactorias. Ya que el rol prescrito a menudo para las  mujeres es ser pasivas en las relaciones sexuales. No se alienta ni apoya a las mujeres para que tomen decisiones con respecto a la elección de sus parejas sexuales, para que negocien con sus compañeros el momento y la naturaleza de la actividad sexual, para que se protejan del embarazo no deseado y las infecciones de transmisión sexual, y menos aún para que reconozcan su propio deseo sexual.

Para los hombres el rol prescrito es la conquista sexual, como una forma de probar su propia masculinidad. Se estimula a los hombres a pensar en primer lugar en su desempeño sexual, por lo que el placer sexual de las mujeres se valora como una prueba del desempeño masculino.((3,4))

Los roles socialmente prescritos que demandan un macho sexualmente dominante hacen que los hombres también enfrenten riesgos si no actúan como “hombres”; sino pueden ser identificados como “homosexuales”. La homofobia es parte integral de la construcción social de la sexualidad masculina, y conduce a patrones de conducta tales como el inicio sexual temprano y muchas veces riesgoso, o la actividad sexual coercitiva y abusiva.  Desde esta perspectiva la homofobia es destructiva para hombres y mujeres, ya sean homosexuales o heterosexuales.

Los roles de género de hombres y mujeres, que se refuerzan mutuamente, tienen consecuencias especialmente negativas para las prácticas sexuales y la salud reproductiva. Ellos ponen en riesgo la salud de una mujer cuando la conducen a tener embarazos no deseados y abortos en condiciones de riesgo. La someten al riesgo de  enfermedad por descuidar su salud,(control prenatal tardío en adolescentes, por ejemplo), por el abuso y la violencia de género, por prácticas dañinas como la violación y otras formas de relaciones sexuales obligadas, (perder la pareja si no accede a tener relación sexual) y por las infecciones trasmitidas sexualmente, ITS, incluyendo VIH y SIDA.((3,4,5))

Los hombres también corren riesgos de contraer ITS, VIH y  SIDA, aunque en menor medida que las mujeres,  por la presión social a que son sometidos a iniciar la vida sexual tempranamente, y la aprobación social que reciben por tener múltiples parejas.

El énfasis en el rol reproductivo de las mujeres, excluyendo a los hombres, a menudo significa que los varones no tienen acceso a servicios de salud reproductiva y no pueden participar en la toma de decisiones reproductivas responsables.

Es muy importante enfatizar que siendo la sexualidad una construcción social, se puede influir y modificar. El hablar, el encontrar un lenguaje para lo que no ha sido expresado, es una vía fundamental para que las personas modifiquen sus percepciones de sí mismas y para que lleguen a comprender la relación entre su comportamiento individual y el contexto social y cultural en que viven.((5,6,7))


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((1)). Murguialday Clara, “Genero”, Diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo.

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