Considerando por una parte, que la sexualidad representa un lenguaje de amor, que permite la comunicación afectiva y física entre dos sujetos humanos, y por otra, que somos sexuados desde que nacemos, viviéndola diariamente en todas nuestras acciones y de forma diferente a lo largo de nuestra vida, es razonable sostener entonces, que ella es factible de aprender, perfeccionar, manejar y orientar, es decir, desarrollar conductas entendidas como expresión visible de actitudes y valores, que permitan un comportamiento sexual basado en una determinación personal inteligente, libre y voluntaria. 

Como sostiene la Organización Mundial de la Salud (OMS) ((1)), la sexualidad sana involucra tres aspectos, a saber:

  • Aptitud para, por una parte, disfrutar de la actividad sexual y reproductiva y por otra, para controlarla de acuerdo a una ética personal y social.
  • Ausencia de temores, sentimientos de vergüenza y culpabilidad; de creencias infundadas y de otros factores psicológicos que inhiban la reacción sexual o perturben las relaciones sexuales.
  • Ausencia de trastornos orgánicos, de enfermedades y deficiencias que entorpezcan la actividad sexual y reproductiva

La sexualidad es una necesidad psicofisiológica, propia de todas las personas y que se manifiesta a lo largo de toda la vida, aunque obviamente en cada etapa (infancia, juventud, adultez y senectud) se viva de diferentes formas. Es manifestación de la afectividad, que se siente por sí mismo y hacia los demás ((2)).

Reconocer que el ser humano es un ser sexuado desde que nace y que tiene capacidad de decisión, debe manifestarse en el respeto por el comportamiento de los demás, no obstante que éste, pueda ser contrario o chocar con nuestro propio esquema de vida personal.  Lo contrario contribuye a modelar un marco de intolerancia, descalificaciones, discriminaciones y falta de respeto por la persona humana. 

Por esto, el diálogo abierto y franco en el campo de la sexualidad permitirá a los individuos, conocer, reconocer y aceptar su propio sexo, desde el punto de vista físico, psíquico y social, como así mismo conocer, reconocer y aceptar otras realidades de expresión de la sexualidad.

La práctica de este diálogo, favorece no sólo la aceptación de la sexualidad como tal, sino también la posibilidad de su ejercicio de forma racionalmente libre, en que la responsabilidad y voluntad, representen los autocontroles personales. 

De esta forma, se respalda la capacidad y el derecho que tienen los individuos de hacer sus propias decisiones, terminando así con la arraigada costumbre de decidir por los demás, particularmente los adultos por los adolescentes, sin reconocer y muchas veces sin aceptar la posibilidad, que éstos se equivoquen.

Para esto es necesario, poner a disposición de toda persona, las herramientas indispensables para que conozcan los aspectos relacionados con la sexualidad, en la convicción que, particularmente los jóvenes, tienen el derecho de ser tratados con respeto a su libre albedrío; como seres capaces de tomar resoluciones propias y de aceptar y asumir sus consecuencias.

Tampoco se les ayuda a desarrollar competencias que les permita hacer las opciones más adecuadas para su vida futura.  Para ello, es necesario que los individuos cuenten con las herramientas apropiadas, tanto informativas (contenidos que apunten a una información veraz, medida y oportuna) como formativas (autoestima, afectividad, principios, valores). 

De esta forma se contribuye no sólo a favorecer la aceptación de la sexualidad como tal, sino también, a desarrollar la capacidad de ejercerla y orientarla al servicio de la realización personal y sin perder identidad, consolidar en el futuro, las relaciones de pareja, en un contexto de amor, compromiso, respeto, fidelidad y dignidad.

Que estas relaciones sean manifestaciones de complementariedad y no de antagonismo, explotación o cosificación de la persona humana, prisma bajo el cual, el sexo se transforma prácticamente en un objeto o mercadería de consumo y muy habitualmente de carácter desechable (touch and go), pudiendo llegarse así al ejercicio sexual con un carácter puramente hedonístico (centrado exclusivamente en el placer), en que la sexualidad adquiere solo expresión de genitalismo, puesto que, desprovista de afectividad, ella pierde su connotación humana ((3)).

No obstante lo expuesto, normalmente se ha privilegiado la Educación del Silencio (sexo tabú) o la Cultura del avestruz, escabullendo el enfrentamiento de los problemas e inquietudes que se dan en el ámbito de la reproducción y sexualidad humana, particularmente en los adolescentes.

Los adolescentes al no contar con la acción formadora de la familia o de la escuela, quedan expuestos a:

  • Aprender de sus amigos (tan ignorantes como ellos).
  • De los medios de comunicación que si bien pueden entregar información, ésta no siempre va acompañada de la correspondiente acción formativa.
  • De las experiencias directas, que en muchos casos son más bien negativas e incluso a veces frustrantes y marcadoras para la expresión futura, de una sexualidad, plena y gratificante. 

Entendiendo y aceptando el derecho y deber de la familia (los padres) como responsables directos del proceso educativo integral de niños y jóvenes, incluido el ámbito de la sexualidad, no es menos cierto y aceptado, que normalmente los padres no asumen esta responsabilidad, reconociendo sus inhibiciones y dificultades para abordar la temática. 

Esto es comprensible porque ellos también, como la mayoría de los adultos, son productos del círculo de analfabetismo que ha imperado en el campo de la sexualidad y reproducción humana en nuestro país.  Hay autores que piensan que sólo los padres deben informar a sus hijos sobre la vida sexual; sin embargo muchos son los que se han quedado esperando o siguen aguardando que les llegue dicha información.  En contraste, otros creen que el sexo es tan natural, que no hay nada que se tenga que aprender, ni que enseñar ((4,5)).

Por su parte, el Sistema Educación Formal, se ha caracterizado por la ausencia de Educación Sexual Integral, en sus planes y programas.  Con excepción de algunos colegios confesionales, en el resto, habitualmente se han dado iniciativas con connotación biologicistas, asistemáticas, fragmentarias y muchas veces, riesgosamente voluntaristas, es decir, implementada por personas sin formación amplia y sólida y en ciertos casos, con serios problemas personales no resueltos, en el ámbito de su propia sexualidad.  Situaciones como esta última, puede implicar que se provoque más daño que beneficio. 

Han predominado acciones más bien con carácter de parches, que con finalidad realmente formativa o preventiva, frente a problemas puntuales calificados de alarmantes, como: revistas pornográficas, cuadernos con dibujos eróticos, conductas o prácticas sexuales, algún embarazo precoz, etc. 

Como solución, típico ha sido recurrir, con carácter de parche  a charlas de especialistas, cuya real importancia se da, cuando forman parte de un programa sistemático y permanente, dentro del currículo escolar.

Tradicionalmente se han dado acciones, más bien con carácter represivo, punitivo y aún discriminatorio, como lo muestra la tradicional marginación del sistema escolar regular, de la adolescente embarazada, respecto de lo cual, bastante se ha avanzado en los últimos años, en cuanto a permitir que esas alumnas prosigan sus estudios; no obstante, a pesar de la legislación vigente ((6)) se siguen conociendo casos de alumnas embarazadas que son discriminadas y por tanto marginadas del sistema escolar tradicional.

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((1)). World Health Organization. Education and treatment in human sexuality: the training of health professionals. WHO, Geneva, 1975. Technical Report Series No. 572

((2)). Jara Germán, Molina T., González E., Meneses R. “Diseño y Validación de un Modelo de Curso de Educación Sexual a Desarrollar en Escuelas para Padres”. Proyecto E006-99/2. Dpto. de Investigación y Desarrollo (DID) de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos y Estudiantiles. Universidad de Chile. Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral de la Adolescencia (CEMERA), Facultad de Medicina, Universidad de Chile. 1999-2001

((3)). Zeidenstein Sondra y Moore Kirsten.”Aprendiendo sobre sexualidad. Una manera práctica de comenzar”. The population council international women`s health coalition. Nueva York.1999

((4)). Weichs, Martín. “Vivir con Cristo”. Argentina. 1987

((5)). Secret.Técnica de Educación en Sexualidad y Afectividad. Div. Educ. Gral. MINEDUC. “Conversemos de Educación en Sexualidad y Afectividad”. Boletín Nº 3. 2005

((6)). Decreto Nº 79 que reglamenta inciso 3º, art. 2º de la Ley 18.962 que regula estatuto de alumnas en situación de embarazo y maternidad. 2007