Programas expresados en términos de Educación para la vida o Educación para el amor o Educación para mejorar la calidad de vida, debieran contribuir, como un continuo sistemático e interdisciplinario a: ((15))

Desarrollar integralmente a los jóvenes.

Para esto se hace necesario estimular en ellos la capacidad de análisis crítico y reflexivo, frente a las problemáticas o necesidades que en el ámbito de la sexualidad, les son propias y que tarde o temprano tendrán ineludiblemente que enfrentar.

La Educación Sexual, debería preparar y formar a los jóvenes de tal manera, que llegado el momento de decidir por la iniciación o aplazamiento de la actividad sexual, éstos dispusieran de las herramientas que les posibilite, una opción madura, voluntaria, libre y responsable. Los adolescentes pueden ser mejor preparados para los requerimientos de la sociedad moderna, si la didáctica docente, les da la oportunidad de analizar creativamente el conocimiento brindado, favoreciendo así  el compromiso personal, consigo mismo y su entorno social.

Desarrollar una Cultura de Responsabilidad.

Es decir la capacidad de asumir las consecuencias que una determinada opción, pueda traer aparejada.  Ser responsable, implica ser libre para hacer decisiones y ser libre a su vez, involucra disponer de herramientas, tanto informativas como formativas, que respalden tales decisiones.  Por tanto, se debe educar para que los individuos puedan decidir libre y responsablemente. 

Educar en sexualidad es hacer luz en este ámbito, que ayude a optar asertivamente por el camino que sirva mejor a los proyectos de vida. La ignorancia por el contrario, como sinónimo de oscuridad no protegerá de tener conductas de riesgo, que pongan en peligro tales proyectos (embarazos inoportunos, Infecciones de Transmisión Sexual, VIH/SIDA)

Desarrollar Comportamientos Valóricos.

No obstante que por una parte, los valores no pueden imponerse y por otra, que ellos pueden ir cambiando en el transcurrir del tiempo, es necesario, reflexionar con niños y jóvenes, acerca de valores permanentes, como son: el respeto a la vida, el amor, la tolerancia, la verdad, la honestidad, entre otros.

Desarrollar la Capacidad de Amar.

Que comprendan que la sexualidad de pareja no implica cosificación u objetivización (condición de objeto), sino que representa una relación entre sujetos que son personas.  La pareja (él o ella), no es simplemente un objeto de placer al cual se usa y se deja.  El ser humano no es un objeto desechable; es una persona con dignidad, única, indivisible e irrepetible. En la pareja estable y madura, cada uno se realiza en el desarrollo y crecimiento del otro.  Es en este contexto de entrega, estabilidad, fidelidad, madurez y responsabilidad que la pareja puede decidir, abrirse a la vida y trascender en los hijos. La capacidad de amar, está en la disposición a dar sin condiciones.  Este amor, puede expresarse bajo diferentes perspectivas.  Así tenemos, por ejemplo: el amor erótico de pareja; el amor ágape o de servicio, de aquellos que se comprometen solidariamente con el prójimo; el amor paternal o maternal; el amor filial de los hijos ((16)).

Desarrollar una adecuada Autoestima.

Es decir, que los individuos puedan apreciarse como personas dotadas con virtudes y capacidades, con defectos y limitaciones.  Pero en todo caso siempre digno y perfectible.

Consolidar la  Identidad y Orientación Sexual y la comprensión de los Roles del Género.

La consolidación de la identidad y orientación sexual, debe acompañarse de una correcta comprensión de los roles del género, que les facilite una armónica integración al medio sociocultural vigente. Es importante que se entienda, la evolución que han experimentando estos roles, puesto que se busca consolidar más, el concepto de pareja con responsabilidades compartidas, en un contexto de comprensión y complementariedad, y no de explotación y abusos. Los hijos son concebidos por dos y por tanto su crianza con todos los aspectos que ella involucra, debe ser también, responsabilidad de ambos.

Dar la oportunidad de superar o corregir mitos o errores.

Favoreciendo así, la eliminación de prejuicios y temores que pueden entrabar el sano desarrollo de la sexualidad y la consolidación de los proyectos de vida de las y los adolescentes. Disponer de las herramientas adecuadas les permitirá hacer sus opciones personales, con mayor responsabilidad, voluntad, libertad y respeto, asumiendo por tanto en conciencia, las consecuencias que resulten de tal opción.

Sin embargo, cualquier iniciativa que apunte al logro de los objetivos mencionados pasa por una parte, por la necesidad de incorporar y comprometer a los padres y por otra, contar con profesores verdaderamente motivados y capacitados.  Capacitados no sólo en el aspecto cognitivo, sino muy especialmente en el ámbito metodológico y de recursos didácticos, que les permita asumir con naturalidad y eficacia su rol de guía, orientador y motivador del proceso enseñanza aprendizaje.

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((15)). Mifsud, Tony. “Moral de discernimiento”. Editorial Paulinas. 1987

((16)). Jara, Germán. “Reflexiones acerca del ¿Por qué?, ¿Para qué? y ¿Cómo? enfrentar la Educación Sexual. (Capítulo IX, págs.: 131-145). En: Libro resumen II Jornadas Colegio Médico de Chile. Ovalle, Chile. Mayo 1991