La familia es el primer grupo social del cual formamos parte todos y todas y es ella quien nos convierte en seres sociales al transmitir todo el cúmulo de conocimientos, normas, valores, usos, costumbres que constituyen la sociedad.

Es también el núcleo de acogida y de amor para cada uno de sus miembros, permitiéndoles alcanzar un desarrollo completo y constituyéndose así en un verdadero refugio del mundo exterior.

Independiente de cuál sea el tipo de familia, de ella se espera todo aquello que no se encuentra en las relaciones del mundo exterior: intimidad, afecto, aceptación del otro, respeto por su individualidad.

Según esto la familia cumple distintas funciones, algunas de las cuales se enumeran a continuación.

Las principales funciones que debe cumplir la familia

unción reproductora biológica: Tendiente a la conservación y mantención de la especie.

Función protectora de seguridad material: Debe satisfacer las necesidades básicas de mantenimiento de sus miembros, debe proporcionar una alimentación adecuada, una habitación sana, y cuidados de acuerdo a sus requerimientos dependiendo de la etapa de crecimiento y desarrollo en que se encuentran cada uno de sus miembros.

Función Afectiva Debe satisfacer las necesidades de afecto. Cada miembro necesita recibir y dar amor. Las familias que desarrollan el afecto verbal y físico (piel a piel), forman individuos con alta autoestima, creativos y seguros de sí mismos. La relación madre hijo es la primera que experimenta cada ser humano y de su calidad dependerá en gran parte como se relaciona con otras personas a lo largo de su vida. La relación con su madre y con el resto de la familia determinará la evolución normal de su afectividad, vale decir, que llegue a ser un adulto normal y equilibrado. La interrupción del contacto materno con el niño en esta primera etapa de su vida puede originar graves trastornos en su salud, dando origen a lo que se llama deprivación afectiva. De ahí lo fundamental que resulta el reemplazo de la imagen materna cuando la madre biológica está impedida de cumplir su rol ya sea por muerte, abandono o incapacidad; el niño o niña requiere familiarizarse con una persona que ocupe el lugar de su madre, que pueda cuidarlo, darle amor y protección.

La deprivación afectiva tiene una influencia decisiva en el desarrollo personal de todo niño o niña, no puede sentir amor por sí mismo/a si sus padres no le han demostrado este sentimiento, asimismo no puede trascender a otros, porque no ha aprendido esta capacidad. ((1,2,3))

Al otro extremo, la sobreprotección le impide aprender a enfrentar la realidad lo que puede llevarlos a ser personas muy inseguras. También puede transformarlos en seres muy egoístas y exigentes.

Desarrollo de una identidad personal: Lo vital para todo ser humano es sentirse parte de una familia, la que debe darle la oportunidad de su propio desarrollo como individuo.

Formación de roles sexuales: Es en la familia donde el niño debe aprender a comportarse en forma masculina y la niña en forma femenina de acuerdo a los roles que se le asignan. este aprendizaje lo adquiere a través de los juegos, de modelos, (fundamentalmente los padres) y escuchando los mensajes que transmiten los miembros de la familia.

Los padres son modelos para sus hijos, no sólo por lo que saben intelectualmente, sino por lo que son en cuanto a su propio desarrollo personal y afectivo. Es través de esto que ellos transmiten un sentido de dignidad, de independencia y de una autoestima realista. La madre transmitirá la seguridad y valoración que posee en sí misma como mujer y lo transmitirá a su hija como modelo deseado.

Tradicionalmente los roles de padre y madre han sido marcadamente diferenciados por las funciones que cumplen entre otros, el manejo de la casa, el cuidado de los hijos, el control de los hijos y el sustento económico se asignan de acuerdo al sexo.

El rol tradicional de la mujer es el de esposa y madre, su ocupación e intereses son domésticos, referidas al hogar y al cuidado del resto de los miembros de la familia, aún cuando gran número de mujeres se han incorporado al campo laboral, su valor dominante sigue siendo su función hogareña, y contribuir a estrechar los lazos familiares y a dar equilibrio emocional y afectivo como clima básico en el hogar. La recompensa por esta tarea es casi enteramente emocional, ocupando ella por lo tanto, una posición económicamente subordinada dentro de la familia sobre todo en sectores más conservadores.

Tradicionalmente entonces el rol materno sociológicamente se representa y relaciona con el concepto del hogar, dar unión al grupo familiar, darle afectividad a sus miembros y otorgar seguridad y apoyo.

Por otra parte, el rol de los hombres es ser activos productores, ocupar un lugar en el mercado laboral y su deber fundamental es conseguir el sustento que asegure la subsistencia del grupo familiar. El rol paterno a su vez ha sido definido primordialmente como proveedor económico, sustentador de la autoridad, responsable del grupo familiar. Así, el padre representa para el niño el prototipo del mundo real, fuera de la familia y en este rol es el primer agente humano que liga al niño con la sociedad. El rol paterno empieza a tener mayor importancia a medida que el niño madura, empieza a caminar, hablar, etc. Durante la edad escolar, el padre pasará a ser un ejemplo del hombre que el niño quisiera ser (o no ser), y el hombre que la hija quisiera amar (o no amar). Es un período crítico, durante el cual la conducta del padre tendrá repercusiones que podrán ser positivas o negativas para el futuro del niño o de la niña. ((1,2,3,4)).

Capacitación de roles y responsabilidades sociales: Es decir, el aprendizaje de roles y las expectativas acerca de ellos, internalización de normas y valores de su propia cultura, etc. Es función de la familia incentivar la capacidad de aprendizaje, creatividad e iniciativa de sus miembros. Como lo es también estimular la comunicación entre ellos. Esta comunicación debe ser percibida, verse por los otros y cuyo objetivo principal es el intercambio de información no sólo verbal sino a través de señales, ruidos, gestos, ademanes lo que da gran significado a la comunicación. La falta de habilidad para comunicarse hace que muchas personas vivan en aislamiento, soledad; la incomunicación aumenta el nivel de angustia, temores, rabia y resentimiento lo cual no permite vivir en forma creativa y feliz.

Los ciclos de la vida familiar

Desde la perspectiva psicosocial, la familia tiene una historia que se desarrolla a lo largo de varios años que se inicia con la formación de la pareja, pasando por varias etapas, constituyendo los ciclos de vida familiar.

Formación de la pareja

La decisión de la unión permanente entre un hombre y una mujer, marca la iniciación del ciclo vital de la familia tradicional. Sin embargo, el matrimonio o unión, es un proceso que se inicia mucho antes de casarse o unirse, podría decirse sin exagerar que se inicia el día que nació cada uno de los cónyuges. Desde ese día cada uno de ellos comenzó a sentir, a experimentar lo que es el amor o el rechazo. Ellos vieron en sus progenitores lo que es ser esposo y esposa, lo que es ser padre y madre, lo que es ser hombre y mujer. Aprendieron del modelo de sus propios progenitores.

A medida que fueron creciendo y desarrollándose fueron adquiriendo experiencias fuera del hogar, con los amigos de juego, con los compañeros de curso, los profesores, los hogares de sus amigos, el primer pololeo, etc.

Se trata de dos existencias emprendidas en un proceso individual que ha decantado en dos personalidades bien definidas, en dos maneras de ser y de hacer, forjadas en hogares y condiciones distintas, en dos voluntades animadas por ideales e interese que pueden no armonizar, cargando cada cual su pasado, cada uno con su propia historia, les queda ahora por delante conocerse, aceptarse y armonizar todo aquello que es discordante entre ambos, como sus hábitos, sus formas de ser, sus maneras de vivir, reacciones afectivas, conductas sexuales. Ahora les corresponde poner en práctica los roles de marido y mujer, pero consciente o inconscientemente cada uno tiende a portarse como lo hicieron sus propios padres.

El matrimonio o la unión permanente de una pareja es una relación esencialmente dinámica, implica como todo proceso vital, riesgos, incógnitas, caídas, conflictos. El encuentro de la pareja no tiene nada de mágico y significa muchas veces la voluntad, la inteligencia y la generosidad para encontrarse.

En la vida en pareja, los primeros años son particularmente difíciles, observándose una altísima tasa de separaciones, las cuales están fuertemente asociadas a conflictos en relación con los roles sexuales, a problemas económicos, a dificultades con las familias de origen, con quienes con frecuencia deben compartir la vivienda y a carencia en el manejo de la afectividad. Las separaciones conyugales y la formación de uniones de pareja sucesivas son cada vez más frecuentes, situaciones que resultan altamente dolorosas tanto para la pareja como para sus hijos.

Actualmente pareciera que lo más que motiva a los jóvenes a iniciar una relación de pareja estable, no es un proyecto futuro conjunto, sino más bien razones negativas a su vida anterior, como ser la soledad, aburrimiento, deseo de escape de situaciones de maltrato o de deprivación afectiva, excesivas responsabilidades en el hogar, embarazo.

Nacimiento de los hijos

Un hito importante en el proceso de la pareja lo constituye el nacimiento del primer hijo que trae consigo una reorganización de la pareja, cuya relación cambia con los nuevos roles de padre y madre; la crisis que trae la llegada del primer hijo, será menor cuanto mayor sea el período de adaptación alcanzada por la pareja previamente. El nacimiento de un niño representa la convergencia de dos familias y crea abuelos y tíos de ambos lados. Con el nacimiento de un hijo, la pareja queda más distanciada de sus familias y a la vez más enredada en el sistema familiar. Siendo padres son menos hijos y se individualizan en mayor medida como adultos, pero el niño los introduce más en la red total de parientes, en cuanto se modifica más la índole de los viejos vínculos y se forman nuevos.

Si un matrimonio joven sobrevive al nacimiento de los hijos, entonces durante un período de años ambos cónyuges están excesivamente ocupados en el cuidado de los hijos. El ser padres puede ser una forma de autorrealización pero el cuidado de los hijos, puede ser también una frustración personal. No se sienten preparados para ser padres y el matrimonio puede perturbarse en la medida en que la esposa requiere más ayuda de su marido en la crianza de los niños y más actividades adultas, mientras él se siente agobiado a causa de los hijos, se produce un profundo cambio en la pareja, ya no están tanto tiempo solos, ni tan pendientes el uno del otro. A veces el marido siente celos de los hijos porque le arrebatan parte de la atención de la esposa.

Crianza y Socialización de los hijos

La paternidad responsable es la conducta producto de la madurez física, psicológica y social mediante la cual la pareja humana enfrenta la procreación, el desarrollo y la socialización de los hijos. Hay consenso en que la familia es el agente socializador más importante, puesto que es la primera unidad social en que el ser humano tiene contacto. La socialización determina tanto el aprendizaje como la adopción de pautas, valores y sentimientos que tienen raíces en la infancia y que ha sido dado por su familia.

Es importante destacar que ser padres no es sólo tener un hijo, es desempeñar la función de padres; una función que debe ser ejercida con amor y autoridad racional en un ambiente emocional satisfactorio, sin riñas ni peleas, sin malos ejemplos, de tal modo que se logre en el niño un desarrollo armónico y evitando repercusiones negativas en su vida adulta.

En la actualidad el rol paterno está presentando muchos cambios, ya que no ejerce la autoridad tradicional sino la comparte con la madre, inclusive comparte el quehacer doméstico cuando la madre trabaja, hecho que también determina que él no es el único proveedor económico del hogar sino ambos. En la medida que el padre pueda adaptarse a estas situaciones y a sus nuevos roles, venciendo barreras culturales y tome conciencia de la importancia que tiene para el buen desarrollo y felicidad de los hijos, contribuirá a la evolución normal de sus hijos. ((1-7)).

Ingreso del primer hijo a la educación formal

La escuela representa para los padres su primera experiencia con el hecho de que los hijos terminarán por dejar el hogar y ellos quedarán frente a frente. La esposa tiene más tiempo y los niños la necesitan menos y puede sentir que ya no basta con ser madre y dueña de casa. Tal vez sienta que su vida se está desperdiciando en el hogar y que su status declina. Tal vez pueda intentar hacer una carrera pero al mismo tiempo sentirse sentirse insegura respecto de sus aptitudes.

Adolescencia de los hijos

En esta época los padres están alcanzando los años medios de sus ciclos vitales. Es esta una etapa de prueba para la familia, sea ésta permisiva o autoritaria. El comportamiento de los hijos adolescentes puede causarles a los padres temor e inseguridad, irritación e impaciencia. Una cosa es comprender la necesidad e importancia que sus hijos adquieran experiencias nuevas y otra la de saber, cuándo y cómo poner límites para que contribuyan al desarrollo del adolescente y no lo dificulten o impidan.

En esta etapa los padres se ven enfrentados frecuentemente a los siguientes dilemas ¿Cuáles son los límites adecuados para no ser autoritarios pero tampoco permisivos o indiferentes?, ¿Cómo hacerles comprender los peligros sin desconocer lo importante que es para ellos aprender nuevas experiencias?. Con frecuencia los padres reaccionan con ansiedad y desconcierto, lo cual dificulta la comunicación con sus hijos quienes los califican de exagerados y aprensivos. Lo importante y no hay que perder de vista es que el rol de los padres está en ser guías y autoridad racional, por lo tanto les corresponderá desafiarlos muchas veces cuando corran peligro o se pongan descalificadores, impertinentes. Deberán manifestarles sus molestias y preocupaciones, así como el afecto que sienten por ellos y el apoyo que están dispuestos a brindarles. Deberán mostrarles confianza pero basada en hechos, mostrarles por qué confían en ellos y por qué les ofrecen ayuda. Y sobretodo advertirles de los comportamientos riesgosos que pueden dañar su proyecto vital.

En este período, en que los hijos están menos en casa, la adolescencia de los hijos puede ser vista como una lucha dentro del sistema familiar por mantener el ordenamiento jerárquico previo. Ejemplo, para una madre acostumbrada a tratar a su hija como una niña de pronto ve a su hija convertida en una mujer competidora y le es difícil ahora vincularse con ella. O un padre que debe tratar a su hijo como un niño pero también como un hombre. Todo esto puede llevar a malos entendidos, a reproches y resentimientos.

Los adolescentes necesitan que sus padres los apoyen y escuchen y comprendan las dificultades que están enfrentando al asumir los cambios corporales, fisiológicos, psicosociales. Al adolescente le preocupa la imagen que proyecta en comparación con la que sienten ser y, además, compatibilizar las expectativas que sus padres tienen de ellos. Estas expectativas con frecuencia tienen que ver con la resultante de frustraciones que los padres tuvieron en su propia vida, lo que puede llegar a sobrecargar al adolescente en este sentido.

Es fundamental aquí que los padres se sientan seguros de sí mismos, con una autoestima adecuada, que proyecten una buena imagen de sí mismos ya que esto influye positivamente en la imagen que tengan sus hijos de sí mismos también. No hay que olvidar que sus hijos los ven como modelos de lo que ellos quieren llegar a ser.

Los factores negativos de la vida familiar cobran mayor importancia que los factores extrafamiliares en la exacerbación de la crisis de los hijos y/o hijas adolescentes.

La salida de los hijos del hogar

La salida de los hijos del hogar puede tener los siguientes motivos.

Por estudios
Por matrimonio
Independencia
Cuando un/una joven abandona el hogar y comienza a establecer una familia propia, sus padres deben transitar ese cambio fundamental de la vida al que se llama "convertirse en abuelos". A veces tienen poca o ninguna preparación para dar este paso, especialmente si los hijos no han pasado por los rituales matrimoniales socialmente aceptados. Deben aprender cómo llegar a ser buenos abuelos, elaborar reglas a fin de participar en la vida de los hijos y arreglárselas para funcionar solos en su hogar.

La jubilación de uno o ambos cónyuges

Una vez que la pareja se ha liberado de los hijos de manera que estén menos involucrados con ella, suele llegar un período de relativa armonía que puede subsistir durante la jubilación del marido. Algunas veces, sin embargo, el retiro de éste de la vida activa puede complicarse, pues se halla la pareja frente a frente veinticuatro horas al día. A veces una persona mayor puede encontrar una función útil, otras veces no, en la medida en que los tiempos cambian y los viejos son vistos como carentes de importancia para la acción de la generación más. En esta etapa la familia debe enfrentar el difícil problema de cuidar de la persona mayor o enviarlo a un hogar de ancianos donde otros cuidan de ella. Suele ser este un punto crítico difícil de manejar.

Fallecimiento de uno de los cónyuges: Viudez del otro.

Es un período doloroso en el cual el cónyuge sobreviviente debe lograr adecuar su vida sin la compañía de su pareja. En esta etapa el apoyo afectivo de los demás miembros de la familia es fundamental para evitar el aislamiento, la soledad y la depresión en que puede caer la persona que ha enviudado o ha quedado sola por otras razones.

Cada uno de estos hitos implica cambios en la relación y nuevas adaptaciones en la pareja y estos cambios pueden llevar a un mayor acercamiento o alejamiento, pero siempre (para bien o para mal) afectará a la pareja. ((1,2,9,10))

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((1)). González Electra, “El adolescente: su entorno social y familiar”. Libro Primeras Jornadas del Colegio Médico en Illapel. Adolescencia, 1992. Edit. Depto. Científico y Docente del Colegio Médico de Chile. Pag: 27-40.

((2)). González Electra, El Adolescente y su Entorno Socio-Familiar, En: Educación Sexual. Manual para el apoyo para Padres, 2002, pag, 87-109. Edit. Universidad de Chile.

((3)). Alvarez,María de la Luz, ”La familia en riesgo: un instrumento de diagnóstico”, Edit.Universitaria,1988,Chile

((4)). Pincus Lily, Dan Christopher, “Secretos en la familia: Terapia familiar”, Edit. Cuatro Vientos,1982,Chile

((5)). Rossel Saavedra Enrique, “Manual de Derecho de Familia”, Colección Manuales Jurídicos, Edit. Jurídica de Chile,1992, Chile

((6)). Pérez Duarte, Alicia, “Derecho de Familia”, Fondo de Cultura económica,1994, México

((7)). Muzzo Santiago, Burrows Raquel, “El adolescente chileno: características, problemas y soluciones”, Edit. Universitaria,1987, Chile

((8)). Torrescasana, José María, “Educación sexual y función educativa de la familia”, Curso para la Formación de Padres, Elorza Editores Ltda.,1993, Colombia

((9)). Muñoz Mónica, Reyes Carmen, “Una mirada al interior de la Familia”, Ediciones Universidad Católica de Chile,1997,Chile

((10)). Elsner P., Montero M., Reyes C., Zegers B., “La familia una aventura”,Ediciones Universidad Católica de Chile, 1997,Chile